La sesión en el fuertemente politizado Consejo de Derechos Humanos de la ONU fue previsible en cuanto a las denuncias de numerosos países latinoamericanos de izquierdas -encabezados por Cuba y Venezuela- así como por enemigos "clásicos" como Irán u otras naciones islámicas. Pero Washington también fue criticado por Occidente especialmente en dos asuntos: por mantener y aplicar la pena de muerte o no haber cerrado la prisión de Guantánamo tal como prometió el presidente Barack Obama.
La delegación de EEUU, formada por una treintena de personas y encabezada por Esther Brimmer, secretaria de Estado adjunta para Asuntos de Organizaciones Internacionales; Harold Hongju Koh, asesor legal del Departamento de Estado; y Michael Posner, secretario de Estado adjunto para la Democracia, Derechos Humanos y Trabajo, se defendió de las críticas y subrayó el compromiso de la administración de Obama con el multilateralismo y el Estado de derecho. "Asumimos nuestro lugar en el proceso de Examen Periódico Universal con orgullo por nuestros logros, honestidad en los desafíos que afrontamos y el compromiso de emplear el sistema internacional para promover la protección de los derechos humanos en nuestro país y fuera", dijo Brimmer en la presentación del informe de EEUU. "No hay zonas fuera de la ley... Estamos inmersos en conflictos armados y limitados por las leyes de la guerra tal como en el siglo XXI", señaló, Posner.
La clave
El bloqueo y Guantánamo
Pidieron poner fin al bloqueo de Cuba, enjuiciar a los autores de las torturas en Guantánamo, Irak o Afganistán, ratificar numerosos tratados internacionales sobre derechos humanos, derogar la pena de muerte, acabar con los juicios militares a los sospechosos de terrorismo o tomar medidas para reducir sus emisiones contaminantes. Cuba y Venezuela fueron secundadas después por Irán, Nicaragua, Bolivia y Ecuador.
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