El heredero de la Corona española, Don Felipe de Borbón, y su esposa, la princesa Letizia, acompañados por el jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, presidieron las exequias, que sólo contaron con cuatro de los fallecidos de cuerpo presente.
Las familias de las otras cinco víctimas han preferido despedir a sus allegados en ceremonias íntimas, alejadas de los focos y la notoriedad del funeral de Estado, en el que los Príncipes se acercaron a los familiares para consolarlos.
Don Felipe y Doña Letizia hablaron con todos y cada uno de los familiares, muchos de los cuales no pudieron reprimir las lágrimas, sentados detrás de los féretros en la primera fila de sillas colocadas en la carpa habilitada en el recinto ferial de Santa Quiteria para acoger la ceremonia fúnebre, a la que asistieron más de un millar de personas. "En los pueblos todos nos conocemos. No podemos todavía creer este desastre. Es como si hubiera caído una bomba, pero Lorca es muy fuerte", afirmó a la AFP Marisol Lozano, de 54 años, que conocía a una de las víctimas, un adolescente de 14 años, y su familia. La propia Marisol resultó herida levemente durante el terremoto, mientras que su hijo sufrió heridas de mayor consideración.
"Estos muertos superan a todos los daños. Toda España se acerca a Lorca hoy", añadió, por su parte, Pedro Riberte, de 71 años, poco antes del inicio de la ceremonia.
"Son horas dramáticas en las cuales la inmensa tragedia abre sobre esta tierra un escenario de angustia y de lágrimas", dijo en su homilía el obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, al oficiar el funeral, en un improvisado altar, ante el que se colocaron los féretros. Lorca tuvo palabras de consuelo para los familiares de los fallecidos, antes de animar "a todos para que esta ciudad y esta tierra vuelva a resurgir" y asegurar que "Lorca volverá a su esplendor".
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