El hecho más reciente que renueva la oleada de criterios discrepantes lo trae de la mano la escultura de ocho metros de altura y 17 toneladas, original del escultor norteamericano Seward Johnson, famoso por sus estructuras de superformato, caracterizados por el impacto social de sus obras, realizadas a partir de personalidades cruciales de la vida pública norteamericana.
La escultura que trae ahora la piedra de admiración y escándalo tiene de ocho metros de altura y 17 toneladas, emplazada en el centro de Boston, urbe en la cual, curiosamente, la artista no tiene una vinculación como la que tuvo con New York o Las Vegas.
La imagen está referida a una de las posturas más conocidas de la Marilyn Monroe, probablemente la más icónica cuando aparece sujetando la falda de su vestido blanco, mientras esta vuela libre al viento que emana una rejilla del metro.
La estatua de Marilyn, ha generado posturas contrapuestas: mientras para los turistas es ya un sitio imprescindible de visitar, para los críticos se trata de una horrenda obra machista y un espectáculo de marcado acento pornográfico.
Hay debates y rechazos en la misma medida en que hay afición incondicional de parte de quienes desprecian el concepto y quienes entienden incluso que la estatua es pequeña. La columnista Mary Schmich en el diario The Chicago Tribune dijo que se trata de una copia de mal gusto. a escala gigante". Dice Schimich que es "Tan hortera como un espectáculo pornográfico”.
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