Las conversaciones en la calle están más relacionadas con el campeonato nacional de fútbol que ganó Corinthians que con política. Nadie aquí habla de una grave crisis de gobierno ni de un debilitamiento presidencial. Al contrario, muchos creen que lo que ocurre en Brasil puede fortalecer la imagen de Rousseff, que asumió el cargo en enero.
Una clave para entenderlo es que Rousseff, lejos de ser percibida por los brasileños como parte del problema de corrupción que afecta a su país, es vista más bien como una solución al mismo, opinan analistas.
Pero la razón principal por la cual la jefa de Estado mantiene índices de aprobación en torno a 50% está, según los expertos, en los mismos bolsillos de la población.
"Lo que define la alta popularidad de ella es la economía", explicó Alberto Almeida, un especialista en opinión pública del Instituto Análise, una consultora con sede en Sao Paulo, en diálogo con BBC Mundo. Para algunos economistas, el secreto está en el buen ritmo de la economía brasileña.
Bajo el mandato de Rousseff, Brasil mantiene tasas positivas de crecimiento económico a pesar de que el ritmo de expansión se ha desacelerado por la crisis internacional con epicentro en Europa. El nivel de desempleo de los brasileños llegó a un mínimo histórico de 5,8% en octubre, el consumo de las familias siguió siendo un motor de la actividad y las autoridades aseguran tener la inflación controlada.
"Lo más importante para la población, que es la economía, sigue yendo bien", comentó Cristiano Noronha, analista político de Arko Advice, con sede en Brasilia. Mientras esto ocurre, varios ministros de Rousseff han ido cayendo como en una fila de dominó por denuncias de manejo indebido de fondos por lo general publicadas en la prensa.
El primero en dejar el cargo en junio fue el ministro de la presidencia, Antonio Palocci, bajo sospechas de enriquecimiento ilícito. Desde ahí dimitieron por denuncias de irregularidades o desvíos de fondos los ministros de Transportes, Agricultura, Turismo, Deportes y Trabajo.
Todos ellos rechazaron las acusaciones en su contra y algunos hasta fueron apoyados al comienzo de los escándalos por la presidenta, pero su suerte cambió a medida que asomaron más detalles en su contra.
Todas las carteras de gobierno afectadas tratan temas importantes para Brasil, pero son sólo un puñado de los 38 ministerios que tiene el país, y la impresión de muchos es que el gobierno y la economía siguieron su rumbo pese a los escándalos.
"El cambio de estos ministros no interfirió de forma alguna en el día a día de la población", indicó Noronha a BBC Mundo
Antonio Palocci, el primer ministro de Dilma que dimitió, es el único de su mismo partido.
Algunos analistas creen que Rousseff goza además del mismo "efecto teflón" que tuvo su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, que impide que las denuncias de corrupción contra su gobierno se adhieran a su imagen.
"De cierta forma hasta está siendo beneficiada, porque es percibida como una persona que está haciendo una limpieza en un gobierno que ella heredó prácticamente armado", dijo Noronha.
Eso tiene que ver con el modo en que en Brasil se construyen coaliciones de gobierno a cambio de cargos ministeriales, para que la presidencia cuente con mayorías legislativas para impulsar su agenda.
Un Apunte
Nada de crisis
A pesar de esas renuncias sin precedentes, nadie en Brasil habla de crisis ni debilitamiento en el Gobierno, y, por el contrario, muchos creen que esa situación favorece la imagen de la presidetan Dilma Rousseff, que apenas tiene 12 meses al frente del gobierno brasileño.
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