Los atentados pueden haber estado más vinculados a la retirada de los EE.UU. que a la crisis política, pero en conjunto hacen temer una nueva ronda de violencia sectaria como la que llevó a Irak al borde de la guerra civil hace unos años. Nadie se adjudicó la responsabilidad de inmediato, pero todos los atentados tenían indicios de haber sido cometidos por insurgentes suníes de al-Qaida. La mayor parte de la violencia parecía dirtigida contra los barrios chiíes de la capital, aunque algunas áreas suníes también fueron blanco. En total, 11 vecindarios fueron afectados por coches bomba, explosivos al pie del camino y artefactos dinamiteros adosados a automóviles.
Hubo al menos un atentado suicida y el explosiones se sucedieron a lo largo de varias horas. Al menos 14 explosiones ocurrieron por la mañana y dos más en la tarde y noche.
El ataque más mortífero ocurrió en el barrio de Karrada, donde un atacante suicida hizo volar el coche bomba que conducía cuando llegó frente a las oficinas de la oficina gubernamental que combate la corrupción. Dos policías en el lugar dijeron que el atacante conducía una ambulancia y que le dijo a los guardias que necesitaba llegar a un hospital cercano. Después que los vigilantes le permitieron pasar, condujo hasta el edificio y detonó su carga, dijeron las autoridades. Las ambulancias acudieron al lugar rápidamente mientras una gran columna de humo se elevaba sobre el lugar.
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Crisis política
La disputa entre el primer ministro Nuri al-Maliki y el vicepresidente suní Tariq al-Hashemi ha sumido a Irak en la peor crisis política. El gobierno de Al-Maliki ha acusado a al-Hashemi de dirigir un escuadrón de la muerte. El primer ministro también está presionando por un voto de remoción contra otro político suní.
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