En las semanas siguientes, Ban presentará muy probablemente su candidatura a la reelección para ejercer un segundo mandato al frente de la ONU. Para lograrlo, necesitaría del apoyo de cinco países miembro permanentes del Consejo de Seguridad, entre ellos, China. El portavoz de la ONU, Fahran Haq, interrogado dos veces sobre la posición de Ban en cuanto a los arrestos y desapariciones en China, dijo que iba a "verificar" y prometió una respuesta en breve.
Este silencio persistente contrasta con las declaraciones particularmente duras y directas que Ban Ki-moon ha hecho sobre Costa de Marfil y Libia. Sin embargo, no es la primera vez que Ban muestra una extrema prudencia en cuanto a los derechos humanos en China. Durante su último viaje a China, en noviembre del año pasado, Ban estuvo obligado a reconocer que no habló con el presidente chino Hu Jintao, del encarcelamiento del premio Nobel de la paz Liu Xiaobo. Tan sólo dijo haber discutido sobre los derechos humanos "con otras autoridades" chinas. Decenas de opositores chinos fueron detenidos, confinados en arresto domiciliario o alejados de sus hogares.
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