"En algunas casas, se podía ver sangre en los muros y el suelo.
Todavía había llamas en el exterior de algunos edificios y en el aire se sentía un fuerte olor a carne quemada", explicó en un comunicado el portavoz de la ONU Mark Nesirky, de acuerdo con el relato de los observadores.
Según Nesirky, la misión de la ONU vio huellas de vehículos blindados y casas fuertemente dañadas por los impactos de cohetes, granadas y otras armas.
El gobierno sirio negó la matanza, que se produjo el miércoles, afirmando que sólo hubo nueve víctimas asesinadas por "grupos terroristas", términos que utiliza para referirse a la oposición.
Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), al menos 55 personas perdieron la vida en la masacre.
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