fue un estudiante universitario mediocre, que vivía en su casa y tomaba clases
de yoga y álgebra, administración de empresas y poesía. Sin embargo, el año
pasado, su conducta empezó a cambiar.
En febrero, dejó estupefacto a un profesor al hablar de matar bebés con
bombas, en un arrebato que significó el inicio de los trastornos del joven de 22
años, acusado de matar a seis personas y herir a 13, entre ellas la congresista
Gabrielle Giffords. Después del primer arrebato, la seguridad del campus
decidió no intervenir, sólo observar. “Sugerí que no lo perdieran de vista”,
escribió un agente. La conducta de Loughner en la universidad se volvió cada
vez más errática, amenazante y trastornada. Un informe policial de 51 páginas
divulgado el miércoles traza un retrato escalofriante del último año
universitario, que finalizó en septiembre cuando el Pima Community College lo
declaró mentalmente inestable y lo suspendió. Mientras Tucson y todo el país
rendía homenaje a las víctimas, afloraban nuevos detalles sobre las actividades
de Loughner durante las horas previas a la matanza. Según las autoridades,
Loughner fue al supermercado Walmart dos veces, un policía lo detuvo por pasar
una luz roja pero lo dejó ir con una advertencia, luego tomó un talego negro del
maletero del auto y se fue corriendo al desierto, perseguido por su padre, que
sospechaba algo. Finalmente fue en un taxi a la tienda donde abrió fuego sobre
Giffords y la gente que esperaba turno para hablar con la congresista.
Tres meses antes lo habían expulsado de la universidad.
Adiós a jovencita
La víctima más joven del tiroteo de Tucson, Christina Taylor Green de nueve
años de edad, fue enterrada ayer con una emotiva despedida popular en una ciudad
todavía conmocionada por el ataque en el que murieron seis personas.
Un grupo de 18 personas vestidas de "ángeles” con gigantescas alas de color
blanco se colocaron cerca de la iglesia Elizabeth Ann Seton donde se celebró el
servicio fúnebre en medio de estrictas seguridad. Alrededor de la iglesia se
colocaron carteles en las casas aledañas con mensajes como “nuestra comunidad
están contigo” y otros que decían “Tucson te perdió.
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