Cada una de las dos potencias derribó un satélite propio con un misil en un supuesto intento de demostrar al otro su capacidad militar, según estos documentos.
En enero de 2007, China sorprendió a Washington al derribar uno de sus propios satélites meteorológicos cuando se encontraba a 853 kilómetros de la Tierra.
Aquel ataque suscitó en Washington el temor de que China estuviese en condiciones de destruir los satélites militares y de comunicaciones estadounidenses.
En febrero de 2008, Estados Unidos destruyó uno de sus propios satélites que funcionaba mal y podía caer a la tierra con un tanque de combustible tóxico, aunque los chinos lo interpretaron como un intento de demostrar que Washington podía pagarles con la misma moneda.
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