Sandra Inga espera que las autoridades reconsideren su decisión y le devuelvan
la custodia de sus hijos, entre ellos una recién nacida.
que emitió la corte de familia de Queens.
Todo comenzó el 13 de septiembre cuando tomó a su hija Diana, de 9 años, por
la muñeca y el brazo y se le quedaron las marcas. "En la escuela le vieron las
marcas y dijo que le había pegado con la correa y con la chancleta, pero eso no
lo acepto porque eso yo no lo hice", dijo Inga sobre la niña, producto de una
relación anterior y que asiste a una escuela especial.
Inga reconoce que la niña tenía como unas 20 marcas por todo el cuerpo, pero
lo atribuye a que "tiene una piel muy delicada y enseguida la salen moretones y
ella juega muy pesado con sus hermanos". Sin embargo, no le creen.
"Cuando llegué [embarazada de cinco meses] para ver qué pasaba, me llevaron a
la cárcel y me tuvieron hasta el día siguiente", dijo Inga, de 30 años.
La Agencia de Protección de los Niños (ACS) junto con la corte de familia
pusieron a Diana con una familia de crianza y a Jessica, 6 y Christopher, 5 a
cargo de su padre Luis Quispi, obligando a Inga a irse del apartamento y
alquilar un cuarto, permitiéndole visitarles durante el día y a Diana un día a
la semana.
La mujer asegura que cada vez que vé a su hija, ésta le pide perdón por lo
sucedido.
De acuerdo a Cynthia Simisierra, Secretaria Ejecutiva de la organización
Mujeres Latinas en Acción (MLA), que ayuda a Inga, ésta ya ha recibido las 12
semanas de clases para padres que ofrecen sobre sicología del cuidado del niño,
técnicas de disciplina y estado emocional del menor, y hora está terminando las
clases de manejo de la ira y acude a terapia individual tres días a la semana.
Tras tener a la pequeña Emily el pasado 6 de enero, en el hospital Elmhurst,
ACS le retiró la custodia, aunque le permitió acudir a amamantarla durante el
día al apartamento donde viven Quispi y sus otros dos hijos.
El lunes, Inga acudió esperanzada a su cita en la corte de familia, pero la
audiencia transcurrió de forma inesperada: la juez Marybeth Richroath determinó
que Inga era un peligro para la seguridad de los niños y emitió una orden de
protección para que no se acerque a ninguno, incluyendo la bebita, pese a los
argumentos de su abogado.
"Me quitaron a mis hijos y me arrancaron a mi bebita. Ella me necesita y
desde entonces no le puedo dar el pecho", dijo Inga convulsionada por los
sollozos.
"El caso de Sandra es extremo porque hay una bebita que necesita amamantar,
pero por lo demás es bastante corriente. Quisiéramos crear conciencia sobre la
actitud de la ciudad y ACS que en lugar de reunificar a las familias las están
separando", declaró Aide Zambrana, directora de MLA, quien busca que los
legisladores hagan un cambio en el sistema para que —a menos que sea un caso de
abuso grave— se tome en cuenta que el castigo corporal es parte de nuestra
cultura y que la primera vez que sucede se dé la oportunidad a los padres de
tomar cursos y consejería y sólo si sucede una segunda vez se tomen cartas en el
asunto.
"No he visto las marcas de Diana que es un poquito agresiva y difícil, pero
lo que dice Sandra que pasó no creo que sea tan grave, no es como que hubiera
intentado matarla. Esto que está pasando con nosotros es por ser hispanos", se
quejó Quispi quien no aceptó fotografías de él ni de los niños.
Un portavoz de la ACS indicó que se habían limitado a ejercer su
responsabilidad valorando la seguridad de los niños que se les reporta con
riesgo de negligencia o abuso. "Cuando se piensa que los niños pueden no estar
seguros en el hogar, como último recurso pedimos a la corte que nos autorice a
ponerlos con familias de crianza o con familiares".
Tanto la corte como el abogado de Inga, Seymour Zager no respondieron a
nuestras llamadas.
QUEENS, NY – Sandra Inga, que el pasado 6
llorar.
Si la historia es como la cuenta tiene razones para ello porque desde el 10
de enero no puede acercarse a sus cuatro hijos debido a una orden de protección
que emitió la corte de familia de Queens.
Todo comenzó el 13 de septiembre cuando tomó a su hija Diana, de 9 años, por
la muñeca y el brazo y se le quedaron las marcas. "En la escuela le vieron las
marcas y dijo que le había pegado con la correa y con la chancleta, pero eso no
lo acepto porque eso yo no lo hice", dijo Inga sobre la niña, producto de una
relación anterior y que asiste a una escuela especial.
Inga reconoce que la niña tenía como unas 20 marcas por todo el cuerpo, pero
lo atribuye a que "tiene una piel muy delicada y enseguida la salen moretones y
ella juega muy pesado con sus hermanos". Sin embargo, no le creen.
"Cuando llegué [embarazada de cinco meses] para ver qué pasaba, me llevaron a
la cárcel y me tuvieron hasta el día siguiente", dijo Inga, de 30 años.
La Agencia de Protección de los
Niños (ACS) junto con la corte de familia pusieron a
Diana con una familia de crianza y a Jessica, 6 y Christopher, 5 a cargo de su
padre Luis Quispi, obligando a Inga a irse del
apartamento y alquilar un cuarto, permitiéndole visitarles durante el día y a
Diana un día a la semana.
La mujer asegura que cada vez que vé a su hija, ésta le pide perdón por lo
sucedido.
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